Así fue mi baby shower sorpresa

Los pequeños momentos son los que hacen grande la vida y compartirlos con las personas que quieres los convierte en momentos inolvidables. La semana pasada mis amigas de Madrid se juntaron para organizar una Baby Shower en mi terraza y sorprenderme. Un recuerdo que sin duda tendré para siempre de esta etapa tan especial en la que se ha convertido mi maternidad.

Creo que era el día con más calor del año en Madrid y había tenido que hacer varias gestiones coñazo que me habían dejado sin energía. A última hora de la tarde quedé con Carlota para darle unos papeles y enseñarle mi nueva casita. Ella insistió en ir a tomar algo primero, y subir más tarde a casa. Yo no tenía ni idea de por dónde iban los tiros pero no me pareció mala opción estar en un sitio fresquitas con aire acondicionado tomando limonada.

Mientras tanto, el resto de mis amigas que se habían compinchado con Tom para que les abriese la puerta, iban llegando a casa y preparando toda la decoración para la Baby Shower.

Sobre las 20.30 de la tarde subimos a casa y me llamó la atención que estaban todas las persianas bajadas y encontrar un bolso de mujer en la habitación del bebé. Pero en ningún momento sospeché que en algún sitio estaban escondidas 13 de mis amigas.

Abrí la puerta para enseñarle la terraza y… SORPRESAAAAA!!! Allí estaban todas con una merienda brutal esperándome para celebrar la futura llegada de mi pequeñajo. Yo no me atrevía ni a salir del susto que me había llevado. No daba crédito y tardé varios segundos en entender qué estaba pasando… fue un momento super especial y de mucha risa…no se suponía que este tipo de celebración lo tenía que preparar la propia embarazada?

baby shower sorpresa

 

Fiesta Baby Shower

A la fiesta no le faltó ningún detalle. Además de la tarta, los globos, las chuches y toda la decoración en general, las chicas me regalaron un montón de cositas para el bebé: Una bolsa para el bugaboo con un cambiador portátil a juego, un peluche para la cuna y una hamaca con sonido para cuando Sam tenga un par de meses.

La verdad es que pienso que tengo una suerte increíble de poder contar con amigas así en una ciudad en la que llevo viviendo muy poquitos años, gente que ha aparecido en mi camino hace relativamente poco y que se han convertido en personas únicas.

Llegué sin conocer a ninguna de ellas y ahora somos como una familia que me dan una seguridad enorme. Sé lo difícil que es en una ciudad como Madrid coordinar horarios por diferentes cuestiones: trabajos, distancias y alguna que otra responsabilidad familiar. Por eso aprecio muchísimo el esfuerzo de todas para preparar esta fiestecilla que además nos ha servido de excusa para juntarnos.

Por si fuera poco, esta no fue la única sorpresa que tuve durante la semana. Cada mañana un repartidor llamaba a mi puerta y me traía un regalo distinto. Esta vez era el de mis otras amigas. Esas que tengo un poco más lejos pero que han estado ahí desde que tengo uso de razón. Mis caras, como cariñosamente las llamo… si supiera Sam la de tías molonas que le están esperando ahí fuera para conocerle, no tardaría ni dos segundos en salir corriendo a verlas. Soy muy feliz de haberme atrevido con esta aventura de la maternidad y haber sabido lanzarme a la vida a ojos cerrados.

 

El mejor regalo lo llevas dentro

Seguro que si alguna mujer que me lee está embarazada, entenderá a lo que me refiero cuando digo que el mejor regalo de todos lo llevas dentro…

Siempre he pensado que hay algo ahí que cambia la vida a cada persona, en mi caso pensaba que era viajar. Hace 4 años hice un viaje al sudeste asiático que me hizo ver la vida y el mundo con otros ojos. Me hizo crecer como persona y entender las distintas formas de vida que existen. Desde entonces todos mis deseos se centraban en tener la oportunidad de conocer rinconcitos del planeta.

Cuando me enteré de que estaba embarazada tenía ya planeado un viaje de 20 días a Sri Lanka con la mejor compañía que existe: mi mejor amiga Arantxa.

Al enterarnos de la noticia tuve que cambiar mis planes de manera radical y ambas perdimos los vuelos. Al principio y al tratarse de un embarazo casual (accidental), me dio muchísima rabia tener que renunciar a lo que en ese momento era lo más importante para mi. Ni menciono ya lo mal que me supo que ella también tuviera que perderlo…

Evidentemente a lo largo de los meses me he ido dando cuenta que es imposible que exista un momento más esperado que la llegada del amor de tu vida.

En muy pocos días cumpliré 31 años y es fascinante sentir cómo la naturaleza del cuerpo es capaz de cambiar tanto y de una manera tan progresiva, para hacerme sentir que día a día el regalo más bonito de todos crece dentro de mi.

Este 31 cumpleaños será sin duda el más especial que he vivido hasta ahora. No haremos celebración épica, ni fiestas como las anteriores. De hecho ese día tenemos mudanza!! Sin embargo, el inquilino que vive en mi interior me ha cambiado la vida ofreciéndome el mejor regalo del mundo: su vida.

Soy una moñas y lo reconozco, pero de verdad que estar embarazada es algo tan increíble que te sientes única. No única para el mundo entero, sino única para ti y para esa personita que crece dentro de tu barriga.

Le contaba a Tom anoche lo que he sentido este fin de semana en la despedida de mi amiga Helen cuando todas las demás se iban de fiesta a quemar Salamanca…

Al estar ya de casi 8 meses mi ritmo obviamente tenía que bajar llegada una hora razonable. Y entonces, en ese momento en el que todas se iban y yo me quedaba en esa casa desconocida que habíamos alquilado, era cuando más especial me sentía. No es que no me lo haya pasado bien, todo lo contrario, he disfrutado muchísimo y creo que tenemos que repetirlo más a menudo. Pero, el estar unas horas a solas con mi pequeñajo dando vueltas dentro de mi, me hace sentir tan llena que no necesito nada más.

Es un sentimiento que lo colma todo. Y en lugar de miedo a quedarme sola y aburrida en un lugar extraño donde no conozco al vecindario ni nada alrededor, lo único que sentía era amor y protección. Él me cuida haciéndose notar y manifestándose a través de sus pataditas y yo sé que voy a estar siempre pase lo que pase, porque desde ya mismo somos para toda la vida.

 

Cuándo apuntarle a la guardería

Decisiones. Nos pasamos la vida tomando infinitas decisiones, y el día menos pensado te quedas embarazada y tienes que empezar a tomar decisiones por alguien a quien todavía no conoces.

Resulta que a los 4 meses de haber dado a luz a tu bebé se termina la baja maternal y nos toca incorporarnos a la vida laboral. Para entonces ya tienes que saber lo que harás con tu recién nacido, y las opciones, a menos que tengas a la familia cerca para ayudarte o puedas permitirte una excedencia, no son muchas.

Si has sido previsora tendrás matrícula en una de las guarderías o escuelas infantiles que te pillen cerca de casa. Y si tienes la suerte de que te hayan concedido una de las públicas en tu vecindario podrás optar por esta opción que puede que sea la más económica.

Por último, tienes la alternativa de contratar a una persona que se quede en casa cuidando de tu bebé, pero si con tu sueldo te cuesta llegar a fin de mes, ésta no será la opción más indicada.

Nadie te prepara para ser madre y desde el momento en que tienes un positivo y decides llevar tu embarazo a término ves pasar tu juventud de un plumazo y empiezas un viaje que marcará el resto de tu vida.

Hace apenas unos meses yo ni siquiera sabía la diferencia entre guarderías y escuelas infantiles. Tampoco me había planteado lo que haría con mi bebé después de mi baja maternal y ahora el reloj ya está en marcha y nuestra vida tiene prisa.

La primera vez que visité una guardería fue hace apenas un mes. Recuerdo la sensación como algo totalmente subrealista y muy especial. Tom y yo buscamos varias por internet, y Chiquitín fue la primera en la que nos recibieron. Admito que me emocioné y lloré como una tonta al ver todas esas cabecitas que no levantaban tres palmos del suelo mirándonos con sus caritas tan inocentes. Era increíble pensar que en menos de un año, cualquiera de esos pequeñajos podía ser mi hijo. Mi hijo!!! Es que es flipante!

Eran perfectos y se les veía muy felices ahí dentro. De lo único que tenían que preocuparse era de jugar, que ya tendrían tiempo cuando fueran mayores para pensar en otras cosas, y al mismo tiempo pensaba en sus mamás y papás, quienes seguramente el primer día que los dejaran en el centro se irían pensando si habían tomado la decisión correcta.

Nos gustó muchísimo el trato que a simple vista les daban y los programas de actividades que les tenían preparados. El precio me pareció acojonante, pero cuando piensas que lo único importante es que tu hijo esté bien, intentas hacer malabares para poder pagarlo.

Nos dijeron que estaban completos.

-Perdona?? Si el bebé todavía no ha nacido!

Estábamos en marzo y pedíamos una plaza para enero del año siguiente. Nos pidieron que esperásemos a después de Semana Santa cuando nos confirmarían si finalmente abrían un nuevo grupo con plazas disponibles.

Nos entró la prisa y empezamos a mirar otras escuelas por la zona. Finalmente nos decantamos por matricular al bebé en la escuela infantil El Igloo, ya que por cercanía y logística es la que más nos conviene. Más adelante sabremos si nos conceden una guarde púbica, pero para no pillarnos los dedos y quedarnos sin nada, no tenemos más remedio que decidirnos y pagar la matrícula cuanto antes.

Sinceramente, y aunque opino que estos centros realizan una función maravillosa, me da mucha pena tener que llevar a un bebé con tan sólo 4 meses y privarle de estar conmigo hasta que por lo menos cumpla un añito. Sé que allí se va a poner malito, que tendrá que esperar a comer cuando le llegue su turno, que no descansará igual que en casa etc…

Hoy por hoy no estoy segura de que llevarlo tan pronto sea la mejor opción para nosotros y cuando llegue el momento no sé si seré capaz de dejarlo. También sé que no soy la primera ni la última que tiene todas estas dudas y aunque todavía no sé mucho del tema, si hay algo que ya he aprendido es que la maternidad es un viaje para aprender y dejarse llevar.

 

Pólipos en el embarazo

El sábado pasado me levanté sangrando. Era como si de repente me hubiera bajado la regla en mi sexto mes de embarazo. Rápidamente subí las persianas de la habitación y le dije a Tom, corre vístete que nos vamos a urgencias, algo malo pasa.

La sensación fue horrible, mi cabeza iba muy rápido y me puse en lo peor ¿Por qué me tiene que pasar esto ahora?

Hacía ya un mes que había empezado a sentir las pataditas del bebé y cada día sus movimientos eran más obvios, pero esa mañana no las notaba.

No había hemorragia, sólo sangre después de ir al baño, y yo me encontraba bien, simplemente asustada. Realmente no tenía motivos suficientes para pensar en un posible aborto tardío, pero era inevitable que rondara en mi cabeza. Recuerdo que el día de antes había estado bien, pero sobre las 8 de la tarde estaba agotada y sólo me apetecía cama. Estando embarazada eso no es indicio de nada, sino algo bastante normal, pero en mi caso, tengo que decir que quitando las 12 primeras semanas mi energía está casi al 100% la mayoría de días.

Pedimos un cabify y el recorrido se hizo eterno. Durante el trayecto recordaba cada momento vivido durante estos meses: mi reacción cuando vi el test positivo; la confusión de los días siguientes a la confirmación de embarazo; tu latido, esa música que me hizo saber que había vida dentro de mi; descubrir que efectivamente serías un niño tal y como había intuido; cuando dimos la noticia a nuestras familias y amigos… todo. Me sentía afortunada de poder haber sentido todo aquello y me imaginaba no poder seguir viviendo esa experiencia.

Tom, a mi lado, me prometía que todo iba a ir bien. Y yo lo sabía! De verdad que lo sabía, pero no podía parar de pensar en aquella mancha de sangre a la que no le encontraba ninguna explicación.

Llegamos al hospital y enseguida nos atendieron. Antes de que me viese la ginecóloga la enfermera me tranquilizó asegurándome que si el sangrado no era muy abundante, con coágulos y dolor no tenía por qué preocuparme. Yo sólo quería ver al bebé y notarlo otra vez. Posiblemente los nervios no me dejaban sentir sus movimientos, porque la realidad era que seguían estando ahí.

El causante de todo este susto era un pólipo de base ancha que me había salido en el cuello del útero. La doctora me dijo que no podían quitarlo ahora y que cuando naciese el bebé tendrían que enviarme a quirófano, pero que la operación no tenía mayor importancia. A los dos días el sangrado volvió a repetirse. En esta ocasión acudí directamente a mi ginecóloga quien me confirmó lo mismo que la gine de urgencias y me advirtió que los próximos meses serían así. Además, me dijo que mi placenta era marginal y estaba muy bajita, lo cual significaba casi con seguridad que mi parto sería por cesárea. Con estos dos diagnósticos me quedé más tranquila. Aunque yo vaya a tener que pasar por una operación, y una cesárea que en principio no entraba en mis planes, sabía que mi bebé estaba estupendamente y que la aventura seguía en marcha.

No hay redoble de tambores cuando tomas la decisión más grande de tu vida, a veces, ni siquiera sabes que la tomaste hasta que no pasa un tiempo. Pero a pesar de que la noticia del embarazo nos pilló en fuera de juego, no cambiaría nunca la decisión que tomamos de seguir adelante. Por eso ahora, imaginar que algo pueda torcerse después de superar 24 semanas y saber todos los momentos de felicidad que nos esperan me hace entrar en pánico.

Más de uno de cada cinco embarazos termina con un aborto natural, así que por desgracia conozco a muchas mujeres cercanas a mí que han tenido que pasar por eso recientemente. Mujeres que sí habían planeado su embarazo y lo deseaban con todas sus fuerzas. A todas ellas les digo que siento muchísimo su pérdida. Que a pesar de no haber pasado por eso, puedo acercarme a entender cómo han podido sentirse, y aunque no haya nada que pueda decir para aliviar su pena, lo único que se me ocurre es que la naturaleza es sabia, que todo o casi todo pasa por algo y seguro que con paciencia pueden volver a intentarlo. Sé que es muy injusto y que sólo vosotras sabéis lo terrible que puede ser. Y si os sirve de algo, aquí está mi hombro por si necesitáis derramar alguna lágrima.

 

 

 

Barrigas llenas de vida

Querido diario: Érase una vez donde todo era lo que parecía. Estaba en mi semana 19 cuando me hice la pregunta:

-¿Qué ha sido eso?

Podría haberlo confundido con gases, palomitas, o revuelos de mariposas, pero no se trataba de nada de eso. Era tu primera manera de comunicación conmigo. Una sensación totalmente nueva. Tus primeras pataditas eran tu forma de hacerme ver que tu mami seguía siendo la misma de siempre, aunque ya no la de antes. Ahora estábamos los dos. Yo con tu íntima compañía. Tú, con una copia de las llaves de mi mundo.

¿Sabes cuando suena tu canción favorita y no puedes evitar sonreír? Pues con tus movimientos fetales igual, porque son el aviso de que todo va bien.

El embarazo es una época de cambios, 9 meses de constantes novedades en los que cada semana cuenta. Todavía no habíamos hecho la ecografía morfológica de las 20 semanas, (esa en la que tus papis se sienten como cuando recoges la nota más importante del examen de tu vida), y tú ya habías empezado a manifestarte con total espontaneidad provocando un maratón de sensaciones que estremecen mi interior y a las que no sé ponerle palabras. Indefinible, como casi todo lo que pasa alrededor de la maternidad.

Tres semanas más tarde, compartías tu presencia con tu papá quien por fin podía notarlas, algo que sin duda ha supuesto un punto de inflexión en el embarazo. Desde entonces los dos gastamos un ratito al día a comprobar que sigues ahí dentro y, aunque la mayoría de tus patadas me pillan desprevenida a cualquier hora del día, cada noche prestamos especial atención a tus gestos de vida, que además, tienen un efecto tranquilizador en tus papis.

 

 

Ingreso hospitalario durante el embarazo

Hasta hace cuatro días mi embarazo había sido estupendo. Nunca he tenido una salud tan buena como en estos casi 5 meses de gestación. El invierno en Madrid estaba siendo bastante frío y todos a mi al rededor lo comentaban, pero por primera vez, era la única que no se quejaba. Ni un solo catarro, ni un dolor de garganta, cero toses y por no tener, no había tenido siquiera las propias náuseas de casi toda embarazada.

Nada. Un embarazo fantástico.

El lunes me metí en mi clase de pilates. Nunca me suele apetecer, pero una vez estoy dentro lo agradezco muchísimo y salgo como nueva. Ese día algo fallaba. Desde que empezamos con las respiraciones noté que me sentía rara. Mi profesor debió advertirlo y se acercó a preguntarme:

-No te mareas verdad?

-No, estoy bien, tranquilo. Contesté para restar importancia y no interrumpir al resto.

Acabé la clase entera. No me encontraba mal, simplemente rara. Como si tuviese la barriga llena de aire. Nada nuevo en estos últimos meses. Fui a cambiarme y entonces empezaron los vómitos. Cogí un taxi y me fui a casa, pero al no encontrarme mejor llamé a Tom para que me acompañase al hospital. En el trayecto tuvimos que parar varias veces porque aquello iba a más. Empecé a acojonarme. Mareos, dolores, vómitos… Me dolía la barriga, pero no sabía diferenciar si eran pinchazos en ovarios o del propio estómago.

En otra situación no hubiera tenido importancia y nunca hubiese ido al hospital, pero estaba embarazada y el miedo me hacía ponerme en lo peor.

LLegamos a urgencias del hospital HM Nuevo Belén y tras una espera que se me hizo eterna nos atendieron. Allí mismo no tuve que explicar demasiado ya que mis vómitos color verde hablaban por sí solos. Me tomaron la tensión y estaba muy bajita así que, después de 3 horas, decidieron ingresarme por gastroenteritis e hiperemesis gravídica.

A mi alrededor todo eran embarazadas de 9 meses a punto de traer a su bebé al mundo. Les veía las caras y me imaginaba en esa situación. Me daban envidia en parte, y a la vez sentía compasión por las horas próximas que les esperaban. A mí todavía me faltaban muchos meses para estar en ese momento. Meses que esperaba que llegasen a su debido tiempo.

Me hicieron una eco y todo estaba bien, sin embargo, al doctor se le ocurrió tranquilizarme explicándome que en ese hospital traían a niños al mundo con tan sólo 26 semanas. Por qué me cuenta esto ahora? pensé

-Yo estoy de 18 y no he venido a traer un niño al mundo todavía sabe? le contesté asustada. Ha visto algo raro en la ecografía?

Su sonrisa me tranquilizó y seguidamente me dijo que todo estaba perfecto y que mi bebé no se estaba enterando de nada ahí dentro.

– A ti vamos a tener que dejarte aquí unos días para controlar que no te deshidratas y que tu bebé sigue igual. Y si mejoras y empiezas a tolerar líquidos, te mandaremos a casa.

Y mejoré.

Claro que mejoré, pero no sin antes pasar una noche en vela escuchando los lloros de los pequeñines recién nacidos que tenía pared con pared preguntándome cómo lo estarían pasando sus mamás en esos momentos del posparto inmediato.

Era la experiencia más cercana que iba a tener antes de que yo misma diera a luz dentro de 4 meses. Mientras, Tom dormía plácidamente en el sillón de al lado de mi cama.

Con el brazo dolorido por el gotero y sin parar de visitar el baño, me preguntaba lo difícil que tendrían que estar siendo esos momentos para las recién mamás sin saber el motivo de sus incesantes llantos y me ponía en su situación imaginando cómo reaccionaría cuando llegase esa espiral de noche tras noche sin pegar ojo.

Otra vez me vino a la cabeza lo diferentes que somos hombres y mujeres ante la maternidad. Por que seamos claros, lo vivimos y sentimos de manera distinta, al menos, eso pienso yo.

Una vez ya en casa, daba gracias de que todo hubiese quedado en un susto, porque para ser sinceros hasta que no me confirmaron que el bebé no había sufrido, no pude descansar un minuto.

La recuperación está siendo buena, aunque todavía llevo dos días sin poder incorporarme al trabajo ya que me siento muy débil y me he despertado con mucho dolor de garganta y encías super inflamadas y sangrantes, algo que parece ser normal durante el embarazo. He ido al dentista y me han hecho limpieza bucal. Me han aconsejado limpiarme con un cepillo de dureza media y la marca que me han recomendado ha sido Oral B.

Mañana tengo visita con el médico de cabecera para que pueda hacerme el justificante de baja y con suerte recetarme algo de hierro ya que en los análisis aparece que tengo bastante anemia. Mi próxima revisión ginecológica será dentro de dos semanas, cuando por fin pase la semana 20 y me confirmen que el bebé crece con todos sus órganos sanos.

 

Cómo viviría un hombre el embarazo

Cada mujer tiene a su mejor amigo, su novio y su verdadero amor…En mi caso esas tres personas coinciden y hoy, toca hablar de él, de esa persona que desde hace 4 meses me acompaña en este proceso de la paternidad, una aventura que cambiará nuestras vidas.

El instinto de maternidad me pilló por sorpresa, y aunque de manera asombrosa casi desde el principio sentí una unión natural con el bebé, este vínculo, Tom lo percibe de manera distinta.
¿Podría el hombre pasar por ese trayecto del embarazo?
A pesar de que en él esté a punto de nacer un padre, todavía es un hecho al que se está acostumbrando. Con esto no quiero decir que Tom no se implique, ni se sienta feliz y entusiasmado. Pero el simple hecho de no llevar al bebé dentro de su cuerpo hace que todo parezca menos real de lo que ya lo es para mí.
Los cambios del embarazo no sólo me afectan a mi, ya que él es también partícipe de mis transformaciones hormonales, cansancio, etc, aunque, por razones obvias, no nos enfrentamos a ellos de la misma manera.
Seguramente para muchas mujeres la gestación sea una época mágica que no cambiarían por nada del mundo. Sin embargo a mí no me importaría que ellos pudieran vivir unos meses de esta experiencia. Tanto con su parte buena como la mala ¡que también la tiene! (náuseas, insomnio, cansancio, gases, cambios físicos, comidas prohibidas, ganas de hacer pipí…) Sería muy interesante ver su manera de afrontar este recorrido de 9 meses…
Desde que supe que estaba embarazada todos mis planes pasaron a un segundo plano y en primera instancia siempre pongo al bebé, pero me doy cuenta que esto no pasa de la misma manera con mi pareja, quien tendrá que esperar a tener a nuestro hijo entre sus brazos para poder sentirlo plenamente.
Los hombres no tienen una barriga abultada que les recuerde constantemente que van a ser padres y su papel, al menos en mi caso, es darme respaldo emocional, apoyo y ayuda en todo el proceso. Algo que agradezco y considero totalmente fundamental.
Cuando le pregunto qué siente ahora él hacia el bebé, su respuesta es un poco confusa, ya que no puede expresar lo mismo que yo. Llámalo como quieras, pero ese “instinto” tan intenso que irrumpe de repente en mi vida, esa necesidad de querer proteger a mi bebé que todavía no ha nacido y ya sientes tuyo, no se parece a los sentimientos que despiertan en el padre. Seguramente en cuanto Tom empiece a sentir sus pataditas o lo coja por primera vez en brazos, entienda la sensación que estoy experimentando.
El don de la maternidad es un “privilegio” que sólo se concede a las mujeres, pero yo me pregunto… Cómo viviría un hombre estos 9 meses? 

La magia de llevar dos corazones

 

Somos expertos en complicar lo sencillo. Me acuerdo cuando tu papá y yo nos enteramos hace apenas 3 meses que estabas en mi barriguita. En aquel momento recuerdo que sentí enfado y desazón. Me enfadé con el mundo por no ser capaz de sentir la alegría que en ese momento yo misma esperaba de mi. Quería gritar.

Después de cuatro días de negación, falta de energía y pereza física, conseguí salir de mi misma y el dolor emocional se marchó. Empecé a ilusionarme con mi embarazo y disfrutar de este viaje de dos.

¿Cuándo dar la noticia de que estás embarazada?

Nunca he sabido cuando era el mejor momento para dar la noticia, y quería esperar mi reconciliación con esos primeros y oscuros días para contagiar la alegría que suponía la maternidad.

Los primeros en saberlo fueron mis padres y los de Tom que viven a unos cuántos Km de distancia. Primera prueba superada. A pesar de que la noticia les pilló totalmente desprevenidos, la reacción fue la misma en ambas familias. Lo contamos por Skype y aunque podríamos haber esperado un cara a cara, en ese momento necesitábamos soltarlo. Ahora todo era mucho más sencillo y los futuros abuelos nos daban su aprobación.

Se acercaban las navidades, y aunque ni siquiera había pasado el primer trimestre de rigor y ser consciente de que cabía la posibilidad de un aborto espontáneo, decidí contarlo a la gente más cercana y de confianza.

A mis amigas las reuní en casa para cenar, y en una bota de fieltro de Papá Noel les puse sobres con cada uno de sus nombres. Cuando llegaron les dije que la navidad había traído regalos y que ellas iban a recibir uno esa noche. Cada una cogió su sobre y aunque al principio pensaron que serían entradas para un concierto, o incluso una invitación de boda, sus caras se llenaron de lágrimas y sus gritos se oyeron en todo el edificio cuando descubrieron que dentro había una ecografía de 8 semanas en la que ponía “Felicidades tita Laura”.

Todavía me emociono cuando me acuerdo de lo ilusionadas que estábamos. Los sentimientos son difíciles de describir, se viven. Y sin duda este es un recuerdo que nos durará para siempre.

La magia de llevar dos corazones me ha dado la oportunidad de vivir más momentos como este. Otro de mis preferidos es en la noche de Reyes con todas mis tías y primas. A ellas les pedí que se pusieran con Tom para hacerse una foto. Casi no cabían de la que teníamos organizada. Cuando las tenía a todas en plano les dije

-A ver, ¿me oís bien?, Pues sonreír porque estoy EMBARAZADA!!!!

Esa instantánea se quedará para siempre con sus caras de asombro y felicidad.

La misma que se me quedó a mí cuando di la noticia a mis chicas, a esas de siempre, las de toda la vida. Yo ya sabía que Paula estaba embarazada desde hacía unos meses antes que yo, lo que todavía desconocía era que muchas de ellas nos iban a acompañar en esta aventura de la maternidad, y aún mejor, sus bebés serían los futuros amiguitos del mío porque todos nacerían este 2017!!! No podíamos estar más contentas. Decidimos pintarnos los porcentajes del embarazo en nuestras barrigas y hacernos una divertida foto que sin duda repetiremos a lo largo de estos 9 meses.

 

Determina el sexo del bebé la educación de nuestros hijos?

Tom siempre me hace pensar. Tengo la suerte de tener al hombre más comprensible, tolerante y cariñoso del mundo. Podría haberle tocado a otra, pero oye! me ha tocado a mí…

Es viernes y 13, para cualquier persona supersticiosa hoy seguramente no sea buen momento para hacer la ecografía 12, una de las más importantes durante la gestación, porque conoces posibles síndromes en tu futuro bebé.

Para no mentir, tranquila no es un adjetivo que me defina. Sin embargo él siempre lo está. Su estado de relajación constante me desquicia. Para él, todo está bien. Siempre. Y la verdad es, que al final en la vida, todo nos sonríe!

Las pantallas en la sala de espera anuncian mi nombre. Es nuestro turno.

No esperábamos saber el sexo de nuestro bebé hoy, pero la ginecóloga, sin darnos elección a la incertidumbre, le da la razón mi intuición: “80-90% diría que es chico“. Mi cara dibuja una sonrisa, y orgullosa de mí misma suelto: “Lo sabía”

Tom incrédulo pone cara de asombro y con su acento guiri exclama… “qué way tia!”

La ecografía parece estar perfecta. Nos imprimen unas fotos de lo que es nuestro peque acompañado de unos caracteres numéricos que no sé qué significan… Sólo puedo fiarme de lo que la experta nos cuenta. Y con lo único que me quedo es con que todo está bien.

Al salir de la clínica me siento eufórica y posiblemente más enamorada que hace 40 minutos… es eso posible?

Desayunamos y volvemos a acordarnos de lo afortunados que somos. Vamos a ser padres! Juntos!

Tom siempre había querido chico. Yo siempre supe que lo era.

-“Qué cara tendrá? Será un tio divertido? Qué querrá ser de mayor?” nos preguntamos felices fantaseando con nuestro futuro bebé.

A él le preocupa el hecho de encasillarlo desde que nazca. Yo ni siquiera me había parado a pensarlo!!

A pesar de que en mi familia dejé claro desde el principio que no queríamos regalos de bebé hasta que no confirmasen que todo iba bien, mi madre como siempre hizo lo que le dio la gana y en su carta a los Reyes Magos pidió unos pantaloncitos de chándal con cochecitos dibujados y unos peucos azules para su “nieto”.

Qué hacemos con todo esto si resulta que es niña? me preguntaba yo antes de conocer el sexo. Para Tom en cambio, era obvio que ambas prendas podían ser utilizadas indistintamente para ambos sexos y le parecía totalmente absurda la clasificación por colores o temáticas asociados a estereotipos de género.

Esto mi hizo pensar. Acaso yo no quiero fomentar la igualdad en mi hijo desde que sea pequeño?

Es cierto que lo habitual es regalar muñecas a las niñas y cochecitos a los niños, pero realmente, nuestros hijos no son rosas o azules, ni princesas encerradas o príncipes valientes, sino niños y niñas a los les gusta jugar a todo.

Por qué entonces clasificar desde que nacen? Sin quererlo estaba teniendo prejuicios aplicando unos estereotipos al sexo.

Hasta ahora no me había planteado este reto al que irremediablemente me enfrento. Me preocupa tanto moral como éticamente la posibilidad de criar bajo esa perspectiva, porque no me gustaría ser responsable de una educación sexista.

Lo más seguro es que los dos acabemos criando a nuestro hijo igual que nos criaron a nosotros y en mi caso (criada en una humilde familia común española) es posible que muchas acciones cotidianas lleven implícitas cierto contenido sexista. No obstante, siempre que me sea posible y esté siendo consciente intentaré aplicar criterios de igualdad.