Hasta hace cuatro días mi embarazo había sido estupendo. Nunca he tenido una salud tan buena como en estos casi 5 meses de gestación. El invierno en Madrid estaba siendo bastante frío y todos a mi al rededor lo comentaban, pero por primera vez, era la única que no se quejaba. Ni un solo catarro, ni un dolor de garganta, cero toses y por no tener, no había tenido siquiera las propias náuseas de casi toda embarazada.

Nada. Un embarazo fantástico.

El lunes me metí en mi clase de pilates. Nunca me suele apetecer, pero una vez estoy dentro lo agradezco muchísimo y salgo como nueva. Ese día algo fallaba. Desde que empezamos con las respiraciones noté que me sentía rara. Mi profesor debió advertirlo y se acercó a preguntarme:

-No te mareas verdad?

-No, estoy bien, tranquilo. Contesté para restar importancia y no interrumpir al resto.

Acabé la clase entera. No me encontraba mal, simplemente rara. Como si tuviese la barriga llena de aire. Nada nuevo en estos últimos meses. Fui a cambiarme y entonces empezaron los vómitos. Cogí un taxi y me fui a casa, pero al no encontrarme mejor llamé a Tom para que me acompañase al hospital. En el trayecto tuvimos que parar varias veces porque aquello iba a más. Empecé a acojonarme. Mareos, dolores, vómitos… Me dolía la barriga, pero no sabía diferenciar si eran pinchazos en ovarios o del propio estómago.

En otra situación no hubiera tenido importancia y nunca hubiese ido al hospital, pero estaba embarazada y el miedo me hacía ponerme en lo peor.

LLegamos a urgencias del hospital HM Nuevo Belén y tras una espera que se me hizo eterna nos atendieron. Allí mismo no tuve que explicar demasiado ya que mis vómitos color verde hablaban por sí solos. Me tomaron la tensión y estaba muy bajita así que, después de 3 horas, decidieron ingresarme por gastroenteritis e hiperemesis gravídica.

A mi alrededor todo eran embarazadas de 9 meses a punto de traer a su bebé al mundo. Les veía las caras y me imaginaba en esa situación. Me daban envidia en parte, y a la vez sentía compasión por las horas próximas que les esperaban. A mí todavía me faltaban muchos meses para estar en ese momento. Meses que esperaba que llegasen a su debido tiempo.

Me hicieron una eco y todo estaba bien, sin embargo, al doctor se le ocurrió tranquilizarme explicándome que en ese hospital traían a niños al mundo con tan sólo 26 semanas. Por qué me cuenta esto ahora? pensé

-Yo estoy de 18 y no he venido a traer un niño al mundo todavía sabe? le contesté asustada. Ha visto algo raro en la ecografía?

Su sonrisa me tranquilizó y seguidamente me dijo que todo estaba perfecto y que mi bebé no se estaba enterando de nada ahí dentro.

– A ti vamos a tener que dejarte aquí unos días para controlar que no te deshidratas y que tu bebé sigue igual. Y si mejoras y empiezas a tolerar líquidos, te mandaremos a casa.

Y mejoré.

Claro que mejoré, pero no sin antes pasar una noche en vela escuchando los lloros de los pequeñines recién nacidos que tenía pared con pared preguntándome cómo lo estarían pasando sus mamás en esos momentos del posparto inmediato.

Era la experiencia más cercana que iba a tener antes de que yo misma diera a luz dentro de 4 meses. Mientras, Tom dormía plácidamente en el sillón de al lado de mi cama.

Con el brazo dolorido por el gotero y sin parar de visitar el baño, me preguntaba lo difícil que tendrían que estar siendo esos momentos para las recién mamás sin saber el motivo de sus incesantes llantos y me ponía en su situación imaginando cómo reaccionaría cuando llegase esa espiral de noche tras noche sin pegar ojo.

Otra vez me vino a la cabeza lo diferentes que somos hombres y mujeres ante la maternidad. Por que seamos claros, lo vivimos y sentimos de manera distinta, al menos, eso pienso yo.

Una vez ya en casa, daba gracias de que todo hubiese quedado en un susto, porque para ser sinceros hasta que no me confirmaron que el bebé no había sufrido, no pude descansar un minuto.

La recuperación está siendo buena, aunque todavía llevo dos días sin poder incorporarme al trabajo ya que me siento muy débil y me he despertado con mucho dolor de garganta y encías super inflamadas y sangrantes, algo que parece ser normal durante el embarazo. He ido al dentista y me han hecho limpieza bucal. Me han aconsejado limpiarme con un cepillo de dureza media y la marca que me han recomendado ha sido Oral B.

Mañana tengo visita con el médico de cabecera para que pueda hacerme el justificante de baja y con suerte recetarme algo de hierro ya que en los análisis aparece que tengo bastante anemia. Mi próxima revisión ginecológica será dentro de dos semanas, cuando por fin pase la semana 20 y me confirmen que el bebé crece con todos sus órganos sanos.

 

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