Querido diario: Érase una vez donde todo era lo que parecía. Estaba en mi semana 19 cuando me hice la pregunta:

-¿Qué ha sido eso?

Podría haberlo confundido con gases, palomitas, o revuelos de mariposas, pero no se trataba de nada de eso. Era tu primera manera de comunicación conmigo. Una sensación totalmente nueva. Tus primeras pataditas eran tu forma de hacerme ver que tu mami seguía siendo la misma de siempre, aunque ya no la de antes. Ahora estábamos los dos. Yo con tu íntima compañía. Tú, con una copia de las llaves de mi mundo.

¿Sabes cuando suena tu canción favorita y no puedes evitar sonreír? Pues con tus movimientos fetales igual, porque son el aviso de que todo va bien.

El embarazo es una época de cambios, 9 meses de constantes novedades en los que cada semana cuenta. Todavía no habíamos hecho la ecografía morfológica de las 20 semanas, (esa en la que tus papis se sienten como cuando recoges la nota más importante del examen de tu vida), y tú ya habías empezado a manifestarte con total espontaneidad provocando un maratón de sensaciones que estremecen mi interior y a las que no sé ponerle palabras. Indefinible, como casi todo lo que pasa alrededor de la maternidad.

Tres semanas más tarde, compartías tu presencia con tu papá quien por fin podía notarlas, algo que sin duda ha supuesto un punto de inflexión en el embarazo. Desde entonces los dos gastamos un ratito al día a comprobar que sigues ahí dentro y, aunque la mayoría de tus patadas me pillan desprevenida a cualquier hora del día, cada noche prestamos especial atención a tus gestos de vida, que además, tienen un efecto tranquilizador en tus papis.

 

 

Anuncios