El sábado pasado me levanté sangrando. Era como si de repente me hubiera bajado la regla en mi sexto mes de embarazo. Rápidamente subí las persianas de la habitación y le dije a Tom, corre vístete que nos vamos a urgencias, algo malo pasa.

La sensación fue horrible, mi cabeza iba muy rápido y me puse en lo peor ¿Por qué me tiene que pasar esto ahora?

Hacía ya un mes que había empezado a sentir las pataditas del bebé y cada día sus movimientos eran más obvios, pero esa mañana no las notaba.

No había hemorragia, sólo sangre después de ir al baño, y yo me encontraba bien, simplemente asustada. Realmente no tenía motivos suficientes para pensar en un posible aborto tardío, pero era inevitable que rondara en mi cabeza. Recuerdo que el día de antes había estado bien, pero sobre las 8 de la tarde estaba agotada y sólo me apetecía cama. Estando embarazada eso no es indicio de nada, sino algo bastante normal, pero en mi caso, tengo que decir que quitando las 12 primeras semanas mi energía está casi al 100% la mayoría de días.

Pedimos un cabify y el recorrido se hizo eterno. Durante el trayecto recordaba cada momento vivido durante estos meses: mi reacción cuando vi el test positivo; la confusión de los días siguientes a la confirmación de embarazo; tu latido, esa música que me hizo saber que había vida dentro de mi; descubrir que efectivamente serías un niño tal y como había intuido; cuando dimos la noticia a nuestras familias y amigos… todo. Me sentía afortunada de poder haber sentido todo aquello y me imaginaba no poder seguir viviendo esa experiencia.

Tom, a mi lado, me prometía que todo iba a ir bien. Y yo lo sabía! De verdad que lo sabía, pero no podía parar de pensar en aquella mancha de sangre a la que no le encontraba ninguna explicación.

Llegamos al hospital y enseguida nos atendieron. Antes de que me viese la ginecóloga la enfermera me tranquilizó asegurándome que si el sangrado no era muy abundante, con coágulos y dolor no tenía por qué preocuparme. Yo sólo quería ver al bebé y notarlo otra vez. Posiblemente los nervios no me dejaban sentir sus movimientos, porque la realidad era que seguían estando ahí.

El causante de todo este susto era un pólipo de base ancha que me había salido en el cuello del útero. La doctora me dijo que no podían quitarlo ahora y que cuando naciese el bebé tendrían que enviarme a quirófano, pero que la operación no tenía mayor importancia. A los dos días el sangrado volvió a repetirse. En esta ocasión acudí directamente a mi ginecóloga quien me confirmó lo mismo que la gine de urgencias y me advirtió que los próximos meses serían así. Además, me dijo que mi placenta era marginal y estaba muy bajita, lo cual significaba casi con seguridad que mi parto sería por cesárea. Con estos dos diagnósticos me quedé más tranquila. Aunque yo vaya a tener que pasar por una operación, y una cesárea que en principio no entraba en mis planes, sabía que mi bebé estaba estupendamente y que la aventura seguía en marcha.

No hay redoble de tambores cuando tomas la decisión más grande de tu vida, a veces, ni siquiera sabes que la tomaste hasta que no pasa un tiempo. Pero a pesar de que la noticia del embarazo nos pilló en fuera de juego, no cambiaría nunca la decisión que tomamos de seguir adelante. Por eso ahora, imaginar que algo pueda torcerse después de superar 24 semanas y saber todos los momentos de felicidad que nos esperan me hace entrar en pánico.

Más de uno de cada cinco embarazos termina con un aborto natural, así que por desgracia conozco a muchas mujeres cercanas a mí que han tenido que pasar por eso recientemente. Mujeres que sí habían planeado su embarazo y lo deseaban con todas sus fuerzas. A todas ellas les digo que siento muchísimo su pérdida. Que a pesar de no haber pasado por eso, puedo acercarme a entender cómo han podido sentirse, y aunque no haya nada que pueda decir para aliviar su pena, lo único que se me ocurre es que la naturaleza es sabia, que todo o casi todo pasa por algo y seguro que con paciencia pueden volver a intentarlo. Sé que es muy injusto y que sólo vosotras sabéis lo terrible que puede ser. Y si os sirve de algo, aquí está mi hombro por si necesitáis derramar alguna lágrima.

 

 

 

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