Seguro que si alguna mujer que me lee está embarazada, entenderá a lo que me refiero cuando digo que el mejor regalo de todos lo llevas dentro…

Siempre he pensado que hay algo ahí que cambia la vida a cada persona, en mi caso pensaba que era viajar. Hace 4 años hice un viaje al sudeste asiático que me hizo ver la vida y el mundo con otros ojos. Me hizo crecer como persona y entender las distintas formas de vida que existen. Desde entonces todos mis deseos se centraban en tener la oportunidad de conocer rinconcitos del planeta.

Cuando me enteré de que estaba embarazada tenía ya planeado un viaje de 20 días a Sri Lanka con la mejor compañía que existe: mi mejor amiga Arantxa.

Al enterarnos de la noticia tuve que cambiar mis planes de manera radical y ambas perdimos los vuelos. Al principio y al tratarse de un embarazo casual (accidental), me dio muchísima rabia tener que renunciar a lo que en ese momento era lo más importante para mi. Ni menciono ya lo mal que me supo que ella también tuviera que perderlo…

Evidentemente a lo largo de los meses me he ido dando cuenta que es imposible que exista un momento más esperado que la llegada del amor de tu vida.

En muy pocos días cumpliré 31 años y es fascinante sentir cómo la naturaleza del cuerpo es capaz de cambiar tanto y de una manera tan progresiva, para hacerme sentir que día a día el regalo más bonito de todos crece dentro de mi.

Este 31 cumpleaños será sin duda el más especial que he vivido hasta ahora. No haremos celebración épica, ni fiestas como las anteriores. De hecho ese día tenemos mudanza!! Sin embargo, el inquilino que vive en mi interior me ha cambiado la vida ofreciéndome el mejor regalo del mundo: su vida.

Soy una moñas y lo reconozco, pero de verdad que estar embarazada es algo tan increíble que te sientes única. No única para el mundo entero, sino única para ti y para esa personita que crece dentro de tu barriga.

Le contaba a Tom anoche lo que he sentido este fin de semana en la despedida de mi amiga Helen cuando todas las demás se iban de fiesta a quemar Salamanca…

Al estar ya de casi 8 meses mi ritmo obviamente tenía que bajar llegada una hora razonable. Y entonces, en ese momento en el que todas se iban y yo me quedaba en esa casa desconocida que habíamos alquilado, era cuando más especial me sentía. No es que no me lo haya pasado bien, todo lo contrario, he disfrutado muchísimo y creo que tenemos que repetirlo más a menudo. Pero, el estar unas horas a solas con mi pequeñajo dando vueltas dentro de mi, me hace sentir tan llena que no necesito nada más.

Es un sentimiento que lo colma todo. Y en lugar de miedo a quedarme sola y aburrida en un lugar extraño donde no conozco al vecindario ni nada alrededor, lo único que sentía era amor y protección. Él me cuida haciéndose notar y manifestándose a través de sus pataditas y yo sé que voy a estar siempre pase lo que pase, porque desde ya mismo somos para toda la vida.

 

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