Los pequeños momentos son los que hacen grande la vida y compartirlos con las personas que quieres los convierte en momentos inolvidables. La semana pasada mis amigas de Madrid se juntaron para organizar una Baby Shower en mi terraza y sorprenderme. Un recuerdo que sin duda tendré para siempre de esta etapa tan especial en la que se ha convertido mi maternidad.

Creo que era el día con más calor del año en Madrid y había tenido que hacer varias gestiones coñazo que me habían dejado sin energía. A última hora de la tarde quedé con Carlota para darle unos papeles y enseñarle mi nueva casita. Ella insistió en ir a tomar algo primero, y subir más tarde a casa. Yo no tenía ni idea de por dónde iban los tiros pero no me pareció mala opción estar en un sitio fresquitas con aire acondicionado tomando limonada.

Mientras tanto, el resto de mis amigas que se habían compinchado con Tom para que les abriese la puerta, iban llegando a casa y preparando toda la decoración para la Baby Shower.

Sobre las 20.30 de la tarde subimos a casa y me llamó la atención que estaban todas las persianas bajadas y encontrar un bolso de mujer en la habitación del bebé. Pero en ningún momento sospeché que en algún sitio estaban escondidas 13 de mis amigas.

Abrí la puerta para enseñarle la terraza y… SORPRESAAAAA!!! Allí estaban todas con una merienda brutal esperándome para celebrar la futura llegada de mi pequeñajo. Yo no me atrevía ni a salir del susto que me había llevado. No daba crédito y tardé varios segundos en entender qué estaba pasando… fue un momento super especial y de mucha risa…no se suponía que este tipo de celebración lo tenía que preparar la propia embarazada?

baby shower sorpresa

 

Fiesta Baby Shower

A la fiesta no le faltó ningún detalle. Además de la tarta, los globos, las chuches y toda la decoración en general, las chicas me regalaron un montón de cositas para el bebé: Una bolsa para el bugaboo con un cambiador portátil a juego, un peluche para la cuna y una hamaca con sonido para cuando Sam tenga un par de meses.

La verdad es que pienso que tengo una suerte increíble de poder contar con amigas así en una ciudad en la que llevo viviendo muy poquitos años, gente que ha aparecido en mi camino hace relativamente poco y que se han convertido en personas únicas.

Llegué sin conocer a ninguna de ellas y ahora somos como una familia que me dan una seguridad enorme. Sé lo difícil que es en una ciudad como Madrid coordinar horarios por diferentes cuestiones: trabajos, distancias y alguna que otra responsabilidad familiar. Por eso aprecio muchísimo el esfuerzo de todas para preparar esta fiestecilla que además nos ha servido de excusa para juntarnos.

Por si fuera poco, esta no fue la única sorpresa que tuve durante la semana. Cada mañana un repartidor llamaba a mi puerta y me traía un regalo distinto. Esta vez era el de mis otras amigas. Esas que tengo un poco más lejos pero que han estado ahí desde que tengo uso de razón. Mis caras, como cariñosamente las llamo… si supiera Sam la de tías molonas que le están esperando ahí fuera para conocerle, no tardaría ni dos segundos en salir corriendo a verlas. Soy muy feliz de haberme atrevido con esta aventura de la maternidad y haber sabido lanzarme a la vida a ojos cerrados.

 

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