La maternidad es como un tsunami que te descoloca tu vida para volverse a colocar en un orden nuevo que, de alguna forma, aunque no lo parezca tiene sentido. Quizá haga que se tambaleen los límites de tu paciencia a diario, pero si te dejas llevar, respetas a la madre que te salga ser cada día, y aprendes a perdonarte estoy segura que habrás cumplido tu misión.

Lucía, psicóloga infantil de @mimotikids señala que “esa sensación de angustia que se despierta en nosotros, como padres, a la hora de hacer frente a los retos de la crianza es muy habitual, pero nos puede hacer pasarlo muy mal.

Para contrarrestar el sentimiento de culpa Lucía propone lo siguiente: ” Si estáis leyendo, buscando información sobre cómo mejorar…¡¡ya estáis haciendo mucho!! Es importante que aprendamos a relajarnos un poco en este sentido, permitirnos “fallar” y perdonarnos por ello. No siempre vamos a reaccionar de manera perfecta, ni vamos a dejar de lado que tenemos un mal día. El cansancio se apoderará de nosotros en muchas ocasiones y perderemos la paciencia otras tantas, y no pasa nada. Podemos pedir perdón, aprender de nuestros errores (que también enseñan a nuestros peques) y continuar haciéndolo de la mejor manera posible.

Ahora situémonos en la acción para saber qué estrategias aplicar mediante 3 situaciones diarias con las que seguro muchas os sentís identificadas:

EJEMPLO 1: Le estás dando de comer y de repente decide que no quiere tomar lo que llevas 1h preparándole. En su lugar le apetece cualquier otra cosa (yogur, mandarina, magdalena). ¿Le damos todo lo que nos pide para evitar que se transforme o cómo gestionas la negociación?

El tema de la alimentación da para hablar largo y tendido…

En términos generales te diría que no, no le damos todo lo que nos pide. Con unos buenos hábitos de alimentación de toda la familia suele resultar sencillo mantenerse firme en esto.

Estos buenos hábitos se basan en comer todos juntos, lo mismo (en la medida de lo posible, en casos de intolerancias sé que supone un reto extra), sin obligar a comer, invitando a probar, no camuflando alimentos, sin chantajes y respetando que hay cosas que nos gustan más y otras que nos gustan menos y que unos días tenemos más hambre que otros.

Si son niños pequeñitos a los que se ha dado siempre puré, puede que estén realmente aburridos de comer siempre lo mismo, en ese caso si ofrecería una alternativa que le resulte más apetecible (dentro del mismo grupo de alimentos, no podemos cambiar un puré de verdura por unas galletas, pero si por algo que estemos comiendo papá y mamá en ese momento). Si son más mayorcitos es buena idea involucrarlos en la decisión de los menús y la preparación de las comidas.

Y ahora estarás pensando ¿Y si aún así no quiere, le dejo sin comer? Y aunque pueda sonarte extremo o cruel, si no hay ningún problema médico que lo impida, la respuesta es sí. Si se ha comido tres cucharadas del primer plato y no quiere más, felicítale por haberlo probado y pasa al segundo.  Así, si no se siente presionado, si percibe un ambiente agradable, incluso divertido alrededor de la comida, se animará a ir probando cosas nuevas.

Si aún así no funciona, puedes entrar en negociaciones, ese famoso “tres trocitos más y ya”  de vez en cuando o con alimentos que les cueste especialmente comer, no implica que se salgan siempre con la suya. Es ser un poco flexibles en un terreno en el que tenemos muchas más opciones de éxito así que haciendo un drama de cada comida.  

EJEMPLO 2. Nos vamos a clases de música sin mucho margen de tiempo. A Sam hoy no le apetece llevar ni zapatos ni chaqueta. Se tira al suelo, me hace la croqueta y en el intervalo perdemos 10 minutos. Llegamos muy tarde. ¿Qué hacemos? Esperamos pacientemente? ¿Reafirmamos nuestra autoridad para dominar la situación?

¡Otro clásico! Aquí no te voy a engañar, puede que a las dos próximas clases también lleguéis tarde, pero al resto ya no.

Está claro que Sam ya sabe que no puede salir sin zapatos, pero le sigue disgustando la idea de llevarlos y no pierde la esperanza de que a base de “croquetas” pueda pasear por la calle tan a gustito como en la alfombra de casa. Estamos ante el caso de rabietas intencionadas que hablábamos antes. Por tanto, es evidente que tenemos que poner un límite, pero podemos hacerlo de manera divertida, sin hacer un drama.

Esto es importante. Poner límites y hacer que se cumplan no tiene porqué colocarnos en una posición autoritaria, inflexible, sino que podemos echarle un poco de imaginación y salirnos de los establecido, logrando que nuestros hijos cumplan las normas igualmente.

Podéis convertir el hecho de ponerse y quitarse los zapatos en un juego. Desde esconder los zapatos y echar una carrera a ver quién los encuentra primero, que él elija los zapatos que se pone toda la familia, teatralizar un poco al llegar a casa y quitaros los zapatos “Ayyy que bien, por fin nos los podemos quitar, vamos a llevarlos a su sitio hasta mañana”  En definitiva, cualquier cosa que desvíe su atención de la parte desagradable de ponerse los zapatos, convirtiendo la regla de no poder salir a la calle descalzo en un juego.

Mi hijo empezó a vestirse solo mientras su padre retrasmitía la jugada como si de un partido de fútbol se tratara (¡¡y sin ser futboleros!!).

EJEMPLO 3. Estamos en el parque y hemos bajado con nuestra pelota, pero Sam quiere los juguetes de otro niño que no le apetece compartirlo con él. Observas la situación y ves que están a punto de pasar a las manos y pueden lastimarse ¿Intercedes, esperas a que se apañen entre ellos o cómo se puede controlar esta situación?

Es una situación difícil, el parque en general lo es jejeje. Mi recomendación es intervenir, sabiendo elegir el momento para hacerlo.  Para averiguar cuándo intervenir puedes preguntarte ¿Qué puedo enseñarle a Sam en este momento? Si lo tienes claro, actúa. Si crees o tienes dudas de que la situación generada puede enseñarle más que tu intervención, es que puedes esperar un rato a ver qué pasa…

  • Por ejemplo, en el caso que describes puedes intervenir pronto y enseñarle a Sam a respetar las decisiones de otra persona. Aunque compartir sea muy bonito, todos tenemos derecho a no querer prestar nuestras cosas. Puedes recordarle momentos en los que él tampoco ha querido compartir sus cosas.
  • Sin embargo, si esperas un poco y ves que están a punto de llegar a las manos puedes enseñarle dos cosas: A respetar las decisiones de los demás (como en el caso anterior) y, a gestionar la frustración sin recurrir a la violencia.

Llegados a la opción dos, es posible que tu hijo esté furioso, haya pegado al otro niño y éste llore, la situación estará muy tensa. En ese momento, seguramente tendrás que coger a Sam (que se retorcerá pataleando y gritando), llevarlo a una zona un poco apartada y “conectar” con él como hemos comentado antes. Cuando está en ese estado no va a comprender que el otro niño no quiera dejarle el juguete o que no puede pegarle. Pero si ve que le comprendes “Cariño, se que te has enfadado mucho porque no te ha dejado el juguete” le ayudas a identificar sus emociones (enfado, rabia…) y una vez calmado (puede tardar un rato, hay que dar a cada niño su tiempo) puedes explicarle por qué otros niños pueden o no dejar sus juguetes, porque no debe pegar para conseguir lo quiere…

Hay mucha gente partidaria de dejar que los pequeños resuelvan este tipo de conflictos ellos solos, incluso cuando se ponen violentos. Pero en realidad son situaciones en las que los niños no se han encontrado antes y muchas veces se sienten perdidos y no saben cómo reaccionar.  Por eso recomiendo intervenir cuando son más pequeños e ir dejando de hacerlo a medida que crecen y son situaciones más habituales para ellos.

Si te interesa el tema y quieres profundizar, te aconsejo que leas el post completo escrito por Lucía “Cómo manejar los enfados”: http:// https://mimotikids.com/como-manejar-los-enfados-de-nuestros-hijos/

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