Son los castigos útiles en algunas ocasiones? ¿En qué momento hay que castigarlos? ¿Cómo enseñan los castigos? ¿Qué tipo de medidas hay que tomar según la edad de los hijos? A éstas y otras preguntas nos responde Lucía, psicóloga infantil de @mimotikids.

Creo que los castigos se utilizan por la falta de otros recursos mucho más
beneficiosos a la hora de educar: el afecto, escuchar la versión de los niños, dialogar con ellos… No soy partidaria de los castigos por tres razones muy
sencillas:


1. No enseñan lo que pretendemos que nuestros hijos aprendan.


2. Cuando un niño entiende porqué no debe comportarse de una manera
determinada y porqué te ha disgustado que se porte así, ya se siente lo
suficientemente mal. Puede aprender mucho más de su propio error y de
tu comportamiento hacia él que de un castigo que nada tiene que ver
con su conducta.

3. Castigando, le enseñas que cuando alguien hace algo mal, es aceptable
hacerle algo “malo” a esa persona.


Por ejemplo, un castigo muy común “te quedas sin postre”. He oído esa frase en situaciones totalmente diferentes: cuando los niños quieren levantarse después de dos horas sentados en un restaurante, cuando no quieren comerse un plato de brócoli, cuando no apagan la tele para sentarse a cenar, cuando no recogen los juguetes… ¿Tantas cosas puede enseñar no comerte un postre?


En el restaurante podrás explicarles que deben tener paciencia (o más bien
plantearte que son niños y no pueden estar tanto tiempo quietos). Con el
brócoli habrá que enseñarle que debe comerlo por ser sano, por tener una
dieta equilibrada… Y en el caso de apagar la tele o recoger, que son normas
de casa que deben cumplirse para el bienestar de todos. Y esto no va a
conseguirse por no comer postre.

Así que ya sabéis mamis, según la experta, los castigos no son muy útiles. La solución? enseñar las consecuencias de los actos de forma coherente. Poner límites a tiempo y contener berrinches siempre y cuando os lo permita vuestra capacidad de seres humanos.