Son las 12.44h de la mañana y vuelvo a casa porque en el trabajo se me ha estropeado el ordenador. Quito el envoltorio, sumerjo la tira en la orina durante unos segundos y ahí estás tú.

Así nacía mamá por sorpresa. De forma totalmente inesperada y sin planear.

Recuerdo aquella mañana… En aquel momento sentí enfado y desazón. Siempre había querido ser mamá, pero pensé que me había llegado demasiado pronto. Me enfadé con el mundo por no ser capaz de sentir la alegría que en ese momento yo misma esperaba de mí. Quería gritar.  Después de cuatro días de negación, conseguí salir de mi misma y el dolor emocional se marchó. Empecé a ilusionarme con mi embarazo y disfrutar de este viaje de la maternidad.

Lo mejor de la vida no se planea, simplemente sucede. O al menos así pasó en mi caso.

Familia Mamá Por Sorpresa

Ser madre ha supuesto toda una revolución con la que no contaba. Que mágico cuando la vida nos prepara sorpresas tan increíbles, verdad?

No voy a engañar a nadie contando que ser mamá es sólo que te pasen cosas bonitas. No. Ser mamá es es un trayecto que duele a ratos. Es una mezcla del miedo más absoluto y el amor más infinito.

Antes de ser madre yo tenía mis creencias. Dije que los hijos no me cambiarían la vida. Que mantendría mis viajes, mi independencia, mi carrera… y aquí estoy.

Mamá Por Sorpresa

Qué fácil es ser madre cuando no tienes que enfrentarte a la enorme complejidad que comporta, no crees?

Ese pequeño ser que te absorbe y no se despega de ti ni para dejarte ir al baño, es el gran amor de tu vida. Esa es al menos mi verdad.

Una verdad que sólo se entiende desde dentro. Porque ciertamente, la maternidad no es lo que se ve en Instagram, ni siquiera es eso que se recuerda. La maternidad pasa aquí y ahora. Es puro Real time. Y yo, ya empiezo a sentir cómo se me escapan los pequeños detalles. Quizá esa sea la única razón por la que escribo. Para intentar retener este tiempo y quede siempre escrito cuánto me cambiaste.