No todos los embarazos son iguales. Hace 3 meses, cuando creía que mi capacidad de amar había tocado techo, una explosión voló ese techo para dar paso a una nueva revolución con la que no contaba. Estaba embarazada por segunda vez

La noticia del segundo embarazo nos llegó durante nuestras vacaciones de verano en Galicia. Me hice el test de madrugada en una habitación de hotel. El positivo instantáneo fue un regalo de la vida que nos pilló tan desprevenidos como el primero. No volví a dormir en toda la noche. Mi nuevo tesoro, y hermanit@ de Sam estaba en camino.
A diferencia del sentimiento de miedo y rechazo que tuve con el primer embarazo, en esta ocasión mi reacción fue diferente. Estábamos desconcertados. Pero los dos nos ilusionamos rápido y lo tuvimos muy claro. 

El primer embarazo sólo se vive una vez. A pesar del agotador primer trimestre, recuerdo la experiencia como una de las mejores épocas de mi vida. Nada me había hecho sentir tan viva como llevar otra vida dentro de mí. Fue un shock tan inesperado, que algo en mi mente hizo clic y cambió de repente. Nunca antes había visto el mundo desde esa perspectiva. Y de alguna manera, la belleza con la que vivía el milagro que llevaba dentro, sentía como que se la pasaba al bebé a través del cordón umbilical. Lo viví con energía y felicidad. Me hice cientos de fotos cada semana. Recuerdo pasear mi barriguita y verme guapa con casi cualquier cosa. 

 A veces se nos olvida que no todas las cosas se viven igual. Y yo, con esta experiencia previa como referencia, tenía unas expectativas muy altas. Me encantaría decir que este embarazo es genial. Sin embargo, mi segunda experiencia no tiene nada que ver con la primera. Las mañanas las paso abrazada a una taza de váter. Y por las tardes, los escombros de mi cuerpo descansan en el sofá, mientras un niño que acaba de cumplir 2 años, estira de mí y me exige que me levante.

Doy gracias por el regalo de ser madre y por volver a estar embarazada. Es algo que me ha sido regalado en lo más hondo. Pero al ser tan extrañamente inesperado, a veces me siento extranjera en mi propia vida. Yo tenía mis metas profesionales, mi espacio personal y otras tantas cosas que se fueron sin decir adiós. Me siento como que de alguna manera, al llegar a la crianza, me han hecho el lío… ¿Que has querido tener hijos? Apechuga! es tu puto problema. El sentimiento constante de no llegar a todo y el miedo de convertirme en un cadáver profesional, me está pasando factura y algún que otro bajón.

Aún así, como la decisión de tener un segundo hijo estaba clara, y sentía que era bonito que fueran juntos en la vida, tener un segundo hijo ha pasado cuando tenía que pasar.  Al final da igual carrera, ascenso profesional que nunca llega y otras circunstancias menores. Si algo dentro de ti te pide que vuelvas a vivir esta experiencia tan mamífera, adelante. Lo demás, son sólo estímulos que van retardando el momento y tu fluir natural. Déjate llevar por tus tripas y prepárate para morir de amor y revivir la experiencia más revolucionaria de tu vida. Eso sí! que te pille con energía, porque el grado de cansancio, dedicación y agotamiento está a punto de multiplicarse por dos.