El día que me enteré que había alguien dentro de mí, mi vida tenía otros planes. Acababa de comprar un billete de avión para recorrer Sri Lanka al lado de mi mejor amiga. Pero ¡oh, sorpresa! Allí estabas, como por arte de magia. Sin duda, el viaje iba a ser tremendo. Pero no precisamente allí, ni tampoco con esa compañía. 

Ya embarazada sabía que quería darle a mis hijos amor, presencia y viajes. Muchos viajes. Mi miedo era tener una vida rutinaria y vacía de aventuras. Pero aunque sabía lo que quería, no tenía idea de qué pasaría ni si sería posible.

EMPEZAR A VIAJAR CON NIÑOS

Con mi primer hijo cogimos un avión cuando sólo tenía 6 semanas y durante sus primeros años recorrimos buena parte de Europa.

Alex llegó en mitad de la pandemia, lo cual hizo cancelar viajes y conformarnos con transmitirle la belleza de las cosas más simples. Tuvimos que esperar algunos meses para enseñarle Inglaterra (país de donde es su papá).

Siempre he querido seguir viajando. Tanto y tan lejos como nos pudiéramos permitir. Cuando el veneno de viajar entra en tu sangre, hay que emprender camino. Y ahora que parece que la crisis sanitaria nos está dando un respiro, es momento de hacerlo. 

Hace unos meses tuve que abandonar el mercado laboral. Fue una decisión muy personal y necesaria en mi caso. El trabajo de Tom nos permite movernos y mis hijos todavía son pequeñitos y pueden faltar al colegio.

LA AVENTURA DE VIAJAR EN FAMILIA

La oportunidad de colgarse una mochila y salir rumbo a Indonesia durante mes y medio, no creo que vaya a repetirse muchas más veces en los próximos años.

Mi pasión por descubrir diferentes razas y culturas sigue hoy latiendo con fuerza. Por eso, me apetecía muchísimo salir del continente durante una temporada y explorar algo más desconocido. Atreverme a conocer y enseñar a cumplir sueños, persiguiendo los míos.

De momento mis hijos han llenado mi vida de alegrías, experiencias y momentos que jamás pensé que viviría (algún susto también!)

Tener la infinita suerte de poder compartir con ellos esta nueva aventura me da muchísima felicidad. Pero a pesar de que la decisión sea un sueño, pasados los fuegos artificiales y la lluvia de champán te ataca el ejército del lado oscuro.

LOS MIEDOS VIAJANDO CON NIÑOS 

Ser mamá viajera implica también un pico de pánico. De miedo a la enfermedad, a las vacunas, a los tsunamis, a la guerra de Rusia y Ucrania, al vuelo, a los imprevistos. Todo de pronto da miedo. (Ya lo contaba Lucia de «algo que recordar» )

Esa parte es la cara B del viaje. Esa que incluye todos las imperfecciones del reto. Una parte que empieza desde los preparativos. Cosas que nadie te cuenta. Y mucho menos en redes sociales. 

Aún así, no estoy dispuesta a parar. Si hay que coger al miedo por los cuernos y hacerlo desde la acera contraria al miedo se hará. Mi ser sabe lo que quiere. El miedo sólo sabe de miedo. 

Bali nos espera.

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Requisitos Viajar a Indonesia con niños